domingo, 18 de noviembre de 2012

                                MILANO REAL


 El amanecer, con gran cantidad de nubes y un viento frío, así como una ligera niebla sobre el río, no presentaba buenos presagios de fotos, así es que con la esperanza de encontrar los ánades reales, los cuales, desde que el río recuperó un caudal circulante, después de las últimas lluvias, habían aparecido en gran cantidad, me desplacé a la zona del puente correspondiente a la carretera del canal y aparqué, en espera de movimiento; el viento inicial se incrementó haciéndose notar en las cañas y juncos de la orilla y en poco tiempo se abrían claros entre las nubes, incrementándose la luz, por lo que modifiqué la sensibilidad de 400 ISO, bajándola a 250 ISO y subí la velocidad a 1/1000 de segundo, después de esto solo había que armarse de paciencia, que es la principal herramienta del fotógrafo de naturaleza; dentro del río los ánades y garzas brillaban por su ausencia, al parecer la excesiva velocidad de la corriente no era del gusto de los animales, solo con largos intervalos de tiempo, pasaban muy alto, bandas de ocho a doce cormoranes grandes y alguna garceta común, estas incluso más alta que los cormoranes , las esperanzas de fotografías se disipaban en función del tiempo transcurrido, para completar el desesperante cuadro por el camino apareció un todo terreno, del que
 se bajó una persona y se puso a andar con toda tranquilidad por la orilla, sin cámara alguna , pensé que era un observador de pájaro, pero no disponía de prismáticos visibles, !apaga y vete¡,este te fastidia lo poco que se pueda hacer.
Como guinda del pastel por el camino se movía otro coche y el conductor del anterior coche se dirigía de la orilla del río, a la zona inferior del puente; cuando me preparaba para poner en marcha mi coche y marcharme, observé que el conductor de este segundo coche era un paisano y amigo, por lo que lo
esperé, hasta que llegó a mi altura y como la cosa pintaba bastante negra y de perdido al río, en el que  nos encontrábamos, puse pié a tierra, con idea de pasar un rato de conversación, en esta estaba, cuando apareció el conductor desconocido y con la facilidad de las personas del sur se agregó a nuestra conversación, con la grata sorpresa que además de fotógrafo era biólogo, quizás atraído por el buen rollo de la conversación y de la compañía, se nos agregó el señor Milano Negro (Milvus Migran)s, que nos dio una pasada en vuelo rasante, la desbandada por las cámaras fue general, en tres periquetes, cada uno disponía de su cámara en ristre y se inició un fuego graneado en ráfagas, contra el inesperado y retrasado animal, dado que sus colegas habían pasado con bastante anterioridad, pero este presuntamente estaba falto de compañía, puesto que se permitió acompañarnos durante casi tres cuartos de hora largos, dándonos pasadas a escasa altura e incluso se posó, durante segundos, en el suelo a escasa distancia.


 Tristemente no era por amistad, ya que había encontrado alguna pitanza de su gusto, por lo que, en tanto que encontró comida, nos permitió la obtención de las fotos que se acompañan; así como casi cuatrocientas compañeras.
La paciencia en este caso, fué recompensada







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